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El “súper hombre”, la nueva

amenaza del siglo XXI

 

El racismo no ha muerto. Muchos creían que estaba moribundo, pero respira, aunque esté ilegalizado en todos los países. Esa ideología, basada en la superioridad de unas razas o etnias sobre otras, ha sido apoyada, siempre, desde el poder. El racismo, que penetró también los intersticios de las sociedades, persiste aún, aunque muchos se muestren indiferentes. Los episodios violentos que ocurrieron en Charlottesville, Virginia, donde grupos de supremacistas, atropellaron a personas que exigían derribar una estatua de un racista y esclavista.

Ahora bien, echemos un vistazo al pasado. Nuestros ancestros indígenas sufrieron esa doctrina cuando Cristóbal Colón desembarcó con sus carabelas en América, el “Nuevo Mundo”. Los españoles y los portugueses descendieron de sus navíos con la cruz, la espada y el arcabuz para colonizar, de manera brutal y sin piedad, a los nativos, que llamaron “salvajes”.

 

Los barbudos españoles y portugueses impusieron el sistema de la encomienda y establecieron la esclavitud. Los invasores se sentían superiores por razones genéticas y, por tal razón, nuestros “pueblos indios,” inferiores, según ellos, tenían que postrarse y adorar a su Dios blanco so pena de morir descuartizado o esclavizado. Nuestras mujeres eran violadas y obligadas a vivir con los colonialistas.

 

Por eso en América Latina, muchos somos de piel blanca. Somos producto del choque bárbaro de dos culturas. Los negros, traídos de África, sufrieron igual suerte. Fueron esclavos en plantaciones y minas. Esto no es solo historia. Es una cruda realidad que trasciende el tiempo y el espacio. En las colonias españolas de América pusieron en práctica la “Limpieza de la sangre” para justificar la superioridad de los conquistadores sobre los indígenas, exterminados en algunas zonas.

 

En la Edad Media, el racismo se incrustó en la religión y hacía creer a los blancos que eran el pueblo elegido. Los supremacistas de esa época imponían la sumisión y la conversión de los pueblos paganos. Todos recuerdan las cruzadas y la inquisición. Los racistas han aumentado en el mundo, a pesar que está prohibido. Los Skinheads, cabezas rapadas, son organizaciones que utilizan del asesinato, las golpizas y las persecuciones sobre todo de extranjeros, latinos, africanos y musulmanes. En España, tras los atentados terroristas en Barcelona, ha surgido islam fobia entre los españoles. Esta reacción violenta puede llevar a un precipicio. Los Skinheads han crecido en Alemania como los hongos después de un día de lluvia. En EE.UU aún sobrevive el Ku Klux Klan, que cuenta con tres mil miembros. La ONU creó la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, fundada en 1969, para luchar contra el racismo, que ha cobrado fuerza en los últimos años. Como repito desde la antigüedad se practicaba el racismo. Los cristianos fueron racistas al perseguir a los judíos por su religión.

 

Los historiadores cuentan que en el siglo XV en España existía la ideología llamada “Limpieza de Sangre”. Es decir, se perseguía, expulsaba y se ejecutaba a los judíos de España. Se investigaba la genealogía de las personas con el fin de averiguar si tenían “sangre” judía. Pero también durante el Imperio Otomano, que pecó de racismo, se exterminaron a grandes poblaciones de armenios.

 

Se creía que el racismo estaba moribundo. Pero no es así. El racismo resurgió en Siglo diecinueve y principios del siglo XX y, sobre todo, en Europa. En Alemania subió al poder Adolfo Hitler, enarbolando la bandera de la “raza aria”, la del hombre superior, destinada a conquistar Europa y el resto del mundo. La mayoría del pueblo alemán fue seducida por la idea del superhombre de Hitler en las décadas de l930 y l940. En esa época se interpretó erróneamente la filosofía del Superhombre del filósofo germano Federico Nietzsche. Se decía de Hitler estaba inspirado en los libros del pensador alemán.

 

 Este escritor afirmaba “¡no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas!” y aseguraba también que hay hombres inferiores y hombres superiores, el superhombre pertenece a este segundo grupo; “los débiles y malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer” (“El anticristo”); Pero Nietzsche iba más allá del pensamiento superior usurpado por Hitler. Además, Nietzsche se mostró hostil ante los alemanes y su cultura, incluso renunció a su ciudadanía alemana y se nacionalizó suizo.

 

Hitler se suicidó ante el inminente derrumbe del nazismo, en l945. Atrás quedaron las persecuciones y marginaciones contra los judíos, las principales víctima del nazismo. Nadie olvida los campos de concentración, donde hasta los médicos alemanes hacía experimentos con los judíos. Pero otros grupos como los gitanos, homosexuales y testigos de Jehová sufrieron también represalias de ese régimen que llevó, a gran parte del mundo, al borde del precipicio.

 

Y el nazismo no se hundió totalmente tras caer vencida Alemania. El nazismo se coló en Estados Unidos y contaminó al Ku Klux Klan con el disparate de la superioridad de la raza blanca. El racismo se fortaleció durante la Guerra Civil en Estados Unidos y hasta hoy esa discriminación hacia otras razas está vigente. Este Ku Klux Klan predica la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo, racismo, anticatolicismo, anticomunismo, homofobia y el nativismo. Los negros tenían que viajar en los asientos traseros de los buses, no podían entrar a los restaurantes de blancos, ni a las escuelas. Como respuesta a esas décadas de racismos, surgieron voces que luchaban por los derechos civiles de los afroamericanos.

 

Entre ellos destacaron: Malcom X y Martin Luther King, ambos asesinados posteriormente, pero las luchas siguieron. El racismo también contaminó y segregó a la población de Sudáfrica. A esa segregación se le llamó “Apartheid”, legalizado en l948. Después de una larga lucha, se abolió el apartheid, a principio de l990 y se levantó la prohibición contra los partidos políticos incluyendo el Congreso Nacional Africano y se liberó a Mandela. Pero hoy la ideología racista vuelve aparecer en Estados Unidos y los visionarios de la política predicen nuevas guerras por causas del racismo contemporáneo.

 

Por Denis García

 

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