Lunes 09 de Febrero del 2009 Edición No. 4452 ---  Managua, Nicaragua ANTERIORES/ CORREO/ REGRESAR
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Monseñor Quintanilla
EL ULTIMO SACERDOTE
por Silvio Mora*

Era de noche y caía una fuerte lluvia sobre ciudad Guatemala. El teléfono timbró y una voz desde Miami –Norman Páramo- informó que Monseñor Guillermo Quintanilla se encontraba malito de salud, que su cuerpo necesita ayuda, y “era hora de socorrerlo”. ¡¡Cómo no ayudar a “Memo”!!. Habemos un grupo de “muchachos” graduados en la Escuela Normal de Jinotepe que siempre le llamamos “Memo”, de cariño. Esa noche pensé mucho en él antes de dormir.

Entonces, esa misma noche hice una retrospectiva desde mi ingreso a aquel centro educativo –febrero de 1961-, donde encontré muchas caras nuevas y frescas. Entre aquellas caras adolescentes, había una que lo dominaba todo: el rostro limpio, feliz y sonriente del educador y jurista Guillermo Quintanilla Jarquín. Cómo olvidarlo, si siendo subdirector, siempre nos inculcó respeto y fidelidad a la familia y a los compañeros, empeño en los estudios y el trabajo.

En aquel tiempo algunos nos sentimos desafortunados porque nuestro amigo alistaba valijas para Compostela, España. Durante el tiempo que compartimos sentimos su capacidad pastoral, pero ignorábamos que su sueño era convertirse en sacerdote católico. Compartimos en las aulas momentos de reflexión, de felicidad y de preocupación, pero en todo momento hubo prudencia y buenos consejos. Marchó y en valija llevó al guardabarranco, latidos de nuestros corazones, y una mezcla de pena y alegría.

Monseñor Quintanilla, educador, jurista y sacerdote.

Monseñor Quintanilla con el Papa Juan Pablo II.

Con frecuencia enviaba cartas contando dichas y pesares. Las cartas las leía el profesor Andrés Ruiz Palacios (q.e.p.d) –director de la Escuela Normal-. Dichas porque se sentía bendecido por Dios que lo aceptaba como pastor, y pesares porque estando tan lejos quería sentirnos cercano y continuar aquellos coloquios nunca terminados. Por eso creo que todos los normalistas mantenemos con “Memo” una amistad duradera. Además porque es de corazón puro, y por eso alcanzará ver a Dios.

De España nos trajo oscuras golondrinas de Bécquer, semillas que florecieron en las escuelas, obras de la Generación del 98, anécdotas bellísimas “chismes de salón”, confianza y tranquilidad. Debo admitir que regresó cantando mejor que antes, como lo hacía con nosotros en el ORFEON dirigido por el maestro Joaquín Portocarrero. En eso nunca nos pusimos de acuerdo, él decía que tenía voz de tenor, nosotros que era barítono…la verdad es que canta romanzas en Fa Mayor.

En tertulias de maestros normalistas comentábamos “Monseñor Quintanilla siempre fue un hombre feliz porque nunca tuvo celos ni envidia ni egoísmo”. En verdad siempre vivió de manera congruente con la actitud que lo caracteriza. Recordamos cuando volvió ordenado sacerdote diocesano de sotana negra impecable y cuello clerical blanco. De entrada dijo “ahora no acepto bromas”, total era una broma más del nuevo sacerdote. Con virtud monástica vive retirado pero siempre optimista. Quien quiera entusiasmar su corazón y sentirse feliz que lo visite… su casa es como un monasterio.

En su juventud vivió momentos difíciles, como cuando fue arrestado por la Guardia Nacional, por el ajusticiamiento de Anastasio Somoza García, en la Casa del Obrero de León. Momentos difíciles vivió la juventud ya que encarcelaron a personas inocentes, a él lo metieron en “La 21”, allí reflexionó sobre la vida y descubrió su verdadera vocación: el sacerdocio. El momento más feliz de su vida fue el día de su ordenación. “Fue un día maravilloso para mí, y luego así lo han sido todas las eucaristías que he celebrado” manifestó. Su primera misa la celebró en su pueblo natal, Belén, Rivas, estando presentes su mamá, Corfilia Jarquín y sus hermanos. Su última misa fue en Niquinohomo -cuna de mi general Sandino-, fueron 36 años de vida sacerdotal.

¡¡Ahh, gran amigo de Ricardo Morales Avilés y Francisco Guzmán Pasos, hombres cargados de historia, pero no una historia de pasquín ni libresca!!.

Gracias Norman, por contarnos sobre la salud de Monseñor Quintanilla. Tengo fe que saldrá bien de ésta, se trata de una prueba más de la que saldrá sin dificultades. Pero quiero llamar la atención a través de esta nota a todos los NORMALISTAS, invitándolos a visitar a “Memo” ¡¡pero no lleguen con las manos vacías, eehhh!! No olvidemos que él contribuyó a que fuéramos hombres de bien, con altos principios morales. En verdad no somos jueces, pero juzguémoslo por sus acciones, no por sus buenas intenciones o sus creencias.

PD: Vive en Managua, del arbolito una cuadra arriba y 50 varas al lago.
*Embajador de Nicaragua en Guatemala

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