Miércoles 21 de Mayo del 2008 Edición No. 4281 ---  Managua, Nicaragua ANTERIORES/ CORREO/ REGRESAR
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Por: Manuel Eugarrios

GENERAL SANDINO: EPOPEYA PARA LA INMORTALIDAD

El pasado domingo 18 de mayo, se cumplió el 103 aniversario del natalicio de Augusto C. Sandino, general de hombres libres, y el máximo exponente que ha tenido Nicaragua en el campo cívico, militar y político.

Las únicas figuras históricas de este país, que puedan acercarse a la epopeya nacionalista de Sandino, son a mi parecer José Dolores Estrada y Benjamín Zeledón. Los tres lucharon contra el mismo enemigo: el imperialismo gringo. El primero y el tercero murieron asesinados por los cipayos del imperio, en tanto Estrada exhaló el último aliento en medio de la más absoluta pobreza, pues al igual que los otros dos nunca pidieron para ellos ni siquiera un palmo de tierra para su sepultura.

Su tierra natal, Niquinohomo, debiera de ser un monumento especial a su memoria para desafiar el tiempo, tan grande como su gesta inmarcesible, pero apagadas las luces guerrilleras, se ha bajado el telón, y el municipio languidece y casi sigue con la fisonomía de 1895, con una que otra señal de un progreso que ha continuado su curso natural, en un país subdesarrollado.

Seguidamente, y aprovechando la conmemoración natalicia, inserto aquí algunos aspectos importantes alrededor de la vida y la obra del único general verdadero que ha tenido este paisito, tomadas del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación Julio-Agosto 1979, que desde sus inicios ha dirigido y editado Jorge Eduardo Arellano, así como de “Retratos de Sandino”, editado y publicado por el Ministerio de Educación en 1981 bajo el sabio cuidado de nuestro amigo ya ido José Santos Rivera.

“El General Augusto César Sandino, es un muchacho, que todo parece, menos un General y muchos menos EL GENERAL SANDINO.

Tiene treinta y ocho años de edad; es bajo, cinco pies 5 pulgadas; 120 libras, de complexión en apariencia débil y de conjunto insignificante.

Su pelo es negro y liso, con una que otra cana y lo lleva siempre con un partido al lado izquierdo, impecablemente recto, arreglado varonil y pulcramente,
Tiene ojos difícil de estudiar; negros, pequeños, penetrantes. Tras de ellos se asoma un alma sentimental, compleja, y fácil.

Nariz mediana, boca grande con dientes todos llenos de calzaduras de oro, imberbe y de sonrisa neutra.

Su rostro, ni es ovalado ni es redondo y su cutis pálido y con algunas mordeduras de varicela, hace juego con su continente en apariencia frágil. Sus manos son regordetas, pequeñas y sus dedos como cortados de un tajo en la mitad de las uñas; el pulgar es recto y le cae verticalmente en la mano…
Es un organizador maravilloso de una tenacidad inquebrantable que raya en locura, minucioso como un cirujano, malicioso y sobre todas las cosas, un sicólogo profundo.

Tiene mucho fluido personal y convence y sugestiona y ante todo, tiene el don de ser simpático y agradar…

Su memoria es extraordinaria, conoce por nombre, apellido y detalles a todos sus soldados y millares de personas…”

Henri Barbusse, escritor francés, en carta dirigida al General Sandino:
“General: Yo envío a Ud. Con mi saludo de homenaje, el del proletariado y los intelectuales revolucionarios de Francia y Europa, que en muchas circunstancias ya me han autorizado para hablar en su nombre, para decirle que nuestra atención se fija con entusiasmo en la heroica figura de Sandino y en sus admirables tropas.

Saludamos en Ud. A un libertador, al soldado magnífico de una causa que, sobrepasando cuestiones de razas y nacionalidades, es la causa de los oprimidos, de los explotados, de los pueblos contra los magnates. Saludamos en usted a toda la ardorosa juventud hispanoamericana que se conmueve y se levanta frente a los verdugos del Norte…

A la vanguardia de la lucha y del Continente que se disputa Ud., Sandino, general de los hombres libres, está representando un papel histórico, imborrable, por su ejemplo luminoso y sus espléndidos sacrificios. Nosotros estamos de todo corazón con usted”.

Henri Barbusse París, 21 de Febrero de 1928.

Ramón de Belausteguigoitia, escritor español: “En sus ojos obscuros brilla con frecuencia una afectuosa simpatía, pero de ordinario se muestra en ellos una profunda gravedad, una intensa reflexión…La impresión que da el general Sandino, lo mismo en su aspecto que en su conversación, es de una gran elevación espiritual”.

Alfonso Alexander, militar y escritor colombiano: “El hombre que pasea, se detiene. Se detiene y los mira. Nadie puede resistir esa dominadora mirada límpida. Sienten la sensación casi física de un acero que hiende sus carnes, que acogota su espíritu, que los obliga a rendirse. Ha surgido el Caudillo. Es blanco. Viste con la sutil elegancia de un hombre mundano: Altas botas cafés de calf, pantalón plomo de montar, ceñido al muslo y ancho en la cadera. Cinturón de cuero oscuro repleto por cortos y amarillos cartuchos metálicos. Automáticas en la cintura. Camisa blanca de seda, cuello abierto, una medalla de oro sobre el pecho, pañuelo rojo y negro de seda, enrollado a la fina garganta. Sombrero gris tejano de alas anchas. 32 años tal vez. Manos finas y cortas. Saca un cigarrillo, lo enciende, torna a pasear. Se para frente al grupo y habla. Oh, su voz, su vibran, voz de REBELDE!.

General Sandino: Autorretrato: “Mi actitud es muy clara. Cualquiera puede seguirme los pasos, uno por uno. Nunca sabrán que Sandino ha tomado lo que no le pertenece por derecho propio, que ha faltado a una promesa, que ha marchado de alguna parte debiendo algo. Mis padres eran dueños de tierras. Cuando aún era un niño, manejé de 15 a 20 mil dólares y nunca toqué un solo centavo que no fuera mío. He trabajado honestamente para vivir en muchos lugares, en Bluefields, en Honduras, en Guatemala, en México, en las minas de San Albino y en algunas ocasiones en puestos de responsabilidad.

“Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule más que cualquiera, la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero.

“Mi honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza…”

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