Jueves 19 de Junio del 2008 Edición No. 4302 ---  Managua, Nicaragua ANTERIORES/ CORREO/ REGRESAR
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por Ignacio Briones

EL CHE GUEVARA Y LOS NICARAGUENSES

(I parte)
El recién pasado 14 de junio se cumplió el 80 aniversario natal del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara. Y toda la humanidad progresista a lo largo de todos los continentes lo celebró significando su presencia viva en la memoria y en los retos y desafíos que con sus ideas y su ejemplo él enseñó a enfrentar para construir el mundo de justicia social pendiente aún de ser alcanzado en la mayor parte de los países latinoamericanos.

La efemérides no podía pasar desapercibida entre nosotros. No fueron pocos los actos recordatorios organizados para celebrarla, destacando, para citar solo algunos, el programa "América Nuestra" de Radio La Primerísima y la abundante información sobre la vida del guerrillero que estuvo transmitiendo esa emisora durante todo el día, así como el sustantivo artículo publicado en El Nuevo Diario por el historiador Aldo Díaz Lacayo y los promovidos por los muchachos y las muchachas integrados en el Movimiento Constructores del Futuro.

Años antes que Ernesto Guevara ocupara el lugar que hoy tiene en la historia, nimbado por la gloria y la inmortalidad, en 1953 estuvo en nuestro país hospedado en Managua en la Pensión América propiedad del señor Emeterio Eugarrios, tío del colega Manuel de igual apellido, colaborador habitual de esta BOLSA DE NOTICIAS.

El motivo o causa de su transitoria permanencia en esta capital la explicó después su compañero de viaje Alberto Granados en su libro "Mi amigo el Che".

Según referiría don Emeterio en numerosas ocasiones, su huésped argentino de nombre Ernesto mostró desde su llegada hasta su partida un ostensible interés en informarse sobre la situación política y social existente aquellos años en Nicaragua y en alguna ocasión le preguntó si ya se sabía el lugar donde se encontraba la tumba del General Augusto Sandino.

Igual pregunta había hecho a varios periodistas que con alguna frecuencia visitaban la pensión. A uno de ellos le preguntó si en Guatemala habían nicaragüense desterrados por el somocismo.

Carlos Flores Cuadra, redactor del periódico de los Somoza, se atribuía haber sido el receptor de esa pregunta y de haberle respondido diciéndole que habían varios y el más conocido de todos era un profesor llamado Edelberto Torres Espinoza, compañero y amigo personal de toda confianza del profesor Juan José Arévalo y del presidente en funciones coronel Jacobo Arbenz Guzmán, calificados todos ellos como comunistas por el gobierno de los Estados unidos.

Ese calificativo, que en términos reales significaba personas opuestas a la dominación política y la explotación económica yanquis de sus países, se había propagado en la región con evidente connotación peyorativa, delincuencial, a partir de los meses de mayo y junio de 1944 conjuntamente con el inicio de acciones protestarias de estudiantes y movimientos progresistas guatemaltecos contra el régimen dictatorial de Jorge Ubico, en ese país de los intereses de la trasnacional norteamericana United Fruit Company que se había erigido poco menos que en ama y señora de las riquezas y las tierras de Guatemala.

Un ambicioso e inescrupuloso publicista de nombre Edward Barneys, que más tarde llegó a ser ejecutivo de la United había sido contratado para convencer a empresarios periodísticos de la región, mediante la pautación de anuncios publicitarios, de que todo movimiento liberador en Centroamérica obedecía a consignas y órdenes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

A través de esa campaña, coadyuvada consciente o inconscientemente por los periodistas, se preparó el Golpe de Estado que en 1954 derrocó al gobierno del Presidente Arbenz y originó más de 30 años de conflictos bélicos en Guatemala.

Llegado a la presidencia de la hermana república el profesor Juan José Arévalo en 1945, por primera vez en su historia al pueblo guatemalteco le fueron reconocidos sus Derechos Humanos, políticos, laborales y sociales, que habrían de ser reconocidos como seis años de Libertad en el país de la eterna tiranía, paráfrasis poética del país de la Eterna Primavera con que se le conocía.

El coronel Arbenz asumió la presidencia en 1951 y como complemento de la conquista y reivindicaciones que había establecido su antecesor Arévalo, se propuso realizar una Reforma Agraria.

Ernesto Guevara se integró a una Brigada de voluntarios que había adoptado el nombre de Augusto Sandino. Y amistado con el nicaragüense Edelberto Torres y demás miembros de su familia y a través de éstos a numerosos dirigentes del proceso democratizador instaurado en la Guatemala de aquellos años, así como también de otros perseguidos políticos de los restantes países de Centroamérica de la América del Sur y del Caribe.

En enero de 1953 asumió la presidencia de Estados Unidos el general Dwight Einsenhower. La Secretaría de Estado John Foster Dulles y la dirección de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) su hermano Allan.

Conjurados los tres con el principal accionista de la United, Samuel Zemurray prepararon el derrocamiento de Arbenz. A ese efecto contrataron a un traidor guatemalteco llamados Carlos Castillo Armas, a quien entrenaron en el territorio de Honduras. Este contrató a un grupo de mercenarios, entre ellos varios pilotos yanquis. Previamente la compañía había contratado el senador Henry Cabot Lodge para que desde su curul acusara a Arbenz de estar al servicio de Moscú.

El 18 de junio de 1954, un avión de transporte C-47 inició la conjura antiguatemalteca dejando caer sobre la ciudad millares de hojas volantes anunciando rebelión por parte de un sector del ejército y una "invasión liberadora" que había penetrado desde Honduras.

Para garantizarse un mayor éxito del proyecto conspirativo contaban la oligarquía interna compuesta por terratenientes, empresarios y políticos corruptos, encargados de tareas internas como marchas casi cotidianas en la ciudad demandado "paz, democracia y justicia", reivindicaciones que jamás habían reconocido al resto de la población.

Renunciado Arbenz, los castillo-armistas dirigidos por la CIA, desataron una implacable persecución contra el pueblo en general y los dirigentes progresistas en particular, entre ellos el nicaragüense Torres Espinoza y su amigo argentino Ernesto Guevara, quienes lograron burlar la persecución y llegar a México.

Como una sola familia se instalaron en Tacubaya, Colonia de Los Generales, calle Gral. Zuazua, número 36 en el Distrito Feneral. En esa dirección vivía el Che cuando conoció el Comandante Fidel Castro y se incorporó al heroico grupo de combatientes cubanos que, viajando en el Gramma, llegaron a la Isla, cumplimentando una de las frases históricas de esos días dicha por Fidel:

"Si el cuate no me falla, me embarco. Si me embarco llego y si llego triunfo".
Desde aquel diciembre de 1956, todos sabemos, la historia de la Revolución Cubana, así como la del Che está viva y triunfante.
(Continuará)

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